Eso si, no esperes encontrar un libro de marketing, ni un libro de management. Más bien se trata de un libro sobre el desarrollo de tu marca personal, un libro muy 2.0, un libro, quizá el primero, escrito para el
networker. Cómo bien dice él mismo, este libro no podría haberse escrito hace 10 años. Quizá ni siquiera hace 5. Entonces el contexto de la economía, de las empresas y sobre todo de los consumidores no era el adecuado, no daba sentido a su mensaje.
Te resumo la idea principal a mi manera: tu futuro profesional depende de ti mismo, tienes las herramientas necesarias, el contexto es el adecuado, la sociedad te comprende y los mercados te premian. ¿ A qué estas esperando ?
Y no, no se trata de montar un negocio en Internet, al menos no solo eso, ni de abandonar tu actual puesto de trabajo para montar tu propia empresa, al menos no únicamente.
El contexto es el adecuado:
¿No tienes la sensación de que la tecnología va cada día más deprisa? ¿ No empezamos a ver innovaciones que se parecen a las de nuestros comics de ciencia ficción de cuando éramos pequeños? Y sin embargo el cambio más importante que se está produciendo es en realidad una vuelta al pasado.
La sociedad que estamos construyendo supone en realidad una vuelta a la aldea, donde todos colaboraban con todos y donde ayudar a otro miembro de la comunidad era en realidad ayudarse a uno mismo.
Esta es la idea que más me ha hecho pensar de todas las que aparecen en el libro: el judaísmo y en parte luego el cristianismo, prohibían el cobro de intereses por prestamos de dinero a miembros de tu misma tribu/comunidad. Sólo a los forasteros se podía cobrar, pero el protestantismo y su expansión por el mundo anglosajón, levantó esa prohibición y la llevó al centro de las relaciones sociales: el mercantilismo cambió las reglas del juego y ahora todos éramos forasteros.
Los comerciantes, no tienen amigos ni pertenecen a ninguna tribu. Sin embargo no siempre fue así y no siempre lo será.
La sociedad te comprende:
El sueño americano era una gran mentira y la promesa de tus padres y de la sociedad en la que te criaron un cuento de niños. Has estudiado una carrera, has hecho un master, has sido "bueno" y lo único que has conseguido es un trabajo mediocre y la amenaza de que un día tu empresa subcontrate lo que haces a una empresa asiática o sudamericana. A nadie le va a extrañar que quieras combatir el" status quo", y si no te ayudan a hacerlo es sólo por miedo o por vergüenza.
Los mercados te premian:
Estamos volviendo a la tribu. Las redes, y sobre todo las redes sociales, premian al individuo, le dan las herramientas y le proporcionan los recursos. La colaboración es fuente de valor y las personas no esperan a las instituciones o las empresas para organizarse. Si no les dan lo que necesitan lo construyen ellos mismos. Si tu ayudas a construir tienes más oportunidades que nunca de obtener tu recompensa.
La resistencia
Ser imprescindible significa vencer la resistencia natural a hacer cosas destacables. Es no prestar oídos a esa vocecita que te da razones para no intentarlo, es poner toda tu creatividad en lo que haces, aunque sea poca cosa y convertirlo en "arte", es decir en algo creativo y humano y no solamente en un trabajo. Y es hacerlo no por ganarte el beneplácito de tu jefe, es hacerlo por el gusto de hacer las cosas como tu sabes y "regalar", si he dicho regalar, a tus clientes un poco de lo mucho que tienes que ofrecerles.
Si las marcas tienen que destacar con innovación y productos sorprendentes a los que Godin llamaba "vacas purpura" los individuos necesitamos hacer "arte", no solo trabajo. Nos han educado para ser piezas de una maquinaria y no pensar demasiado en el porqué de lo que hacemos. "No protestes" y tendrás seguridad. ¿Seguridad? ¿Qué seguridad? Sólo puedes confiar en tu arte, y si la empresa en la que estás no lo aprecia tienes más oportunidades que nunca para buscar a quien si lo aprecie.
Pero somos nosotros mismos nuestro mayor freno. Nuestro peor enemigo es nuestra vocecita interior: "No arriesgues, no destaques, no lo intentes, no cambies, no vale la pena, no van a valorarlo, no es importante, no va a funcionar, no te comprometas...."
Por eso tienen tanto éxito las redes sociales, dice Godin, porque siempre están incompletas, siempre hay un nuevo mensaje por leer, uno nunca termina de leerlo todo ni de estar en todo, no hay una meta. Tu resistencia te susurra al oído que tienes que estar en todo, es su manera de mantenerte alejado de tu arte, del tuyo propio, de lo que sólo tu puedes construir. Las redes son importantes, pero no nos engañemos, no nos pase como con esas reuniones largas, excesivas e improductivas.
Piensa, imagina, planifica, crea, construye, haz lo que te propones, cumple los plazos...
Yo, como Godin, creo que la clave no es Facebook, ni Twitter, sino tu, tu creatividad y tu guerra contra la resistencia. Por eso si en alguna ocasión me ves pasando demasiado tiempo en estas redes, recuerdamelo y díme que construya algo. Díme que construyamos algo.